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Curriculum Vitae

Rosario Quispe

Nacida en Puesto del Marqués, Provincia de Jujuy. Su familia desciende de los Kollas, pueblos originarios del Altiplano Andino. En aquellos años las familias de la Puna vivían dignamente de su trabajo: “mi abuelo vendía sus animales y con esa plata compraba alimentos que nos alcanzaban para todo el año, no necesitábamos pedir limosna”.

El inicio de su trabajo en el campo social es en Mina Pan de Azúcar, donde viven mientras que su marido trabaja allí como minero. Rosario se integra como Animadora Comunitaria, al trabajo de promoción humana que la Prelatura de Humahuaca realiza en el ámbito de su diócesis. En esta experiencia se forma y realiza sus primeras experiencias en el trabajo que va a definir su vida. En Pan de Azúcar –durante la década del 80- participó de las luchas de los mineros en defensa de sus fuentes de trabajo y de sus derechos.


A comienzos de los 90 -cuando se cierran las minas en la Puna debido a la crisis minera nacional- Rosario y su familia, junto a miles de mineros, migraron a Abra Pampa en busca de un lugar para vivir. Allí trabajó en diversas ONG’s a través de las cuales pudo recorrer toda la Puna y los Valles Subandinos, y conocer la dura situación en la que viven las mujeres aborígenes de la región andina.


Al comprender que a nadie le interesaba resolver seriamente la situación de su pueblo, decide crear una organización para trabajar y luchar por la modificación del destino irreversible al que estaban condenados: ser pobres y excluidos del resto del país o migrar y dejar sus tierras en busca de una mejor vida.


En el año 1995 Rosario junto a ocho mujeres funda la Asociación de Mujeres Warmi Sayajsunqo, que en la lengua de sus abuelos significa “mujeres perseverantes”. Desde allí iniciará una incansable lucha a favor de su gente. El sueño que la guía es lograr vivir dignamente en la Puna, como ella recordaba que vivían sus abuelos, quedarse en su tierra, junto a sus hijos, viviendo de acuerdo a su cultura ancestral, pero con acceso a los derechos que todo ciudadano hoy debe acceder: a la vida, a la salud, a ser diferentes, a la justicia, a la paz.


Con una fe inquebrantable y el convencimiento de que podrán hacerlo, comienza a recorrer la Puna convocando a sus hermanos y hermanas a organizarse, construyendo una esperanza para las familias más pobres de la Puna. Toca puertas, pide ayuda, no se calla, denuncia lo que nadie quiere saber, y desde la nada va concretando su sueño.


Rosario evidenció frente al mundo que las mujeres de la Puna se mueren de cáncer de cuello de útero porque no tienen acceso a un control preventivo de salud, algo que estaba totalmente silenciado. Logró llevar médicos, sensibilizar instituciones, obtener fondos para el hospital para que puedan ser atendidas debidamente e implementar un programa de salud sexual y reproductiva tarea que aún hoy sigue realizando.

Innumerables premios y distinciones nacionales e internacionales, avalan y apoyan su incansable tarea.


De a poco consigue fondos con los que comienzan a implementar programas para generar ingresos propios. Crean un Banco Coya, gestionado solidariamente entre más de setenta comunidades aborígenes y que hoy es un ejemplo de eficiencia y transparencia En la actualidad cuenta con más de tres mil familias asociadas que pueden acceder a un fondo para concretar un emprendimiento independiente que les permita vivir de su trabajo.


La consolidación de esta experiencia y el nivel organizativo alcanzado, la estimula a enfrentar desafíos mayores: crear empresas propias que les permitan competir con sus productos en el mercado: hoy la Warmi tiene una estación de servicios para la venta de combustibles, una barraca para la compra y comercialización de la fibra que producen, una curtiembre. De a poco la Puna va poblándose de pequeñas empresas de las comunidades, a través de las cuales van concretando el sueño: es posible vivir dignamente del propio trabajo en la Puna.


La violación continua de los derechos indígenas, el no cumplimiento de las leyes que los protegen, decide a Rosario a involucrarse en este nuevo campo. La lucha por sus tierras, que desde la Conquista nunca pudieron recuperarla, el cumplimiento de los derechos de las comunidades a participar en el manejo de sus recursos naturales, la enfrenta a intereses de grandes empresas, que no la amedrentan. Emprenden demandas y juicios en defensa de sus derechos.


Denuncia ante los medios de prensa los daños ambientales y la contaminación de las aguas que las explotaciones mineras realizan en las tierras de las comunidades logrando nuevamente evidenciar ante la sociedad la violación de los derechos de las comunidades aborígenes. Pero hoy ya no está sola: su pueblo se ha puesto de pie y camina junto a ella, ha logrado despertarlos y juntos luchan día a día por sus derechos históricamente violentados.

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