| Transcribo a continuación la primer parte del texto de un artículo de
Enrique Aste que nos permite explorar los aspectos más personales de los
profesionales de la venta en el desempeño de su rol. Los párrafos en negritas
fueron agregados de mi parte. "El éxito o fracaso de una organización de ventas está
poblado de conceptos vacuos, a veces mágicos, producto de un manejo intuitivo, artesanal
y misterioso, impenetrable no sólo para los profesionales de otras disciplinas
empresarias sino las más de las veces, para sus mismos actores.
Es que el lenguaje que se maneja es vernáculo, indescifrable e impreciso.
Será entonces la manera de cubrir un campo del conocimiento al arribismo, a la
intromisión, o a la crítica de foráneos?
En parte hay algo de eso. Pero la razón fundamental esta en la sinrazón.
No es posible explicar lo que no se entiende. No es posible entender lo que no agrada
comprender. He aquí el porqué de los conceptos inestructurados, simplistas o infantiles,
pero subyugantes por la carga de emoción y entusiasmo con que se vierten.
Frente a una situación de mercado hay un plan
y un programa comercial, en el que está inmersa la estructura de ventas. En ella, lo
esencial coincide con lo básico: conducción y vendedores lo conforman.
Ambos interaccionan entre sí y respectivamente con relación al mercado. El complejo de relaciones entre estos tres elementos, conducción,
vendedores y mercado, constituye la psicodinámica de la venta, de cuyo balance armónico
dependerá el rendimiento de la línea ofensiva de la empresa. Dicho de otra manera, el
punto de sensibilidad máxima lo centramos entre la conducción y conducidos.
Podemos concitar una primera coincidencia si decimos que un vendedor, para
ser exitoso, requiere vocación y aptitud natural,
y por otro lado técnica y experiencia. La
transmisión de conocimientos técnicos, como el desarrollo sistemático de la técnica
misma, constituye un capítulo aparte, suficientemente abordado.
Pero es evidente que los términos vocación y aptitud natural, con todos
los matices contenibles entre estos extremos, se relacionaba íntimamente con dos aspectos
capitales: la selección y evaluación de los vendedores y
la posterior conducción capaz de estimular y acrecentar lo que tales
condiciones innatas son susceptibles de brindar en términos de acción.
Que pretendemos comúnmente cuando, respecto de un vendedor, decimos vocación y aptitud
natural?
La vocación, inclinación o
dedicación plena a la profesión derivada de un amor y un
interés por ella, podemos decir adelantando una conclusión, que es en el
caso del vendedor consecuencia de disponer o de creer disponer de aptitudes naturales para
la función. Conformarían aptitud la adecuada presencia, empatía, extroversión, facilidad de
comunicarse verbalmente, entusiasmo, ambición...y "disposición para la venta".
Los requerimientos enunciados son comunes o deseados para un sinnúmero de profesiones. El
último es propio, pero de un empirismo tan grueso que nada define.
La Agonística
Agón era para los griegos el genio protector de los juegos públicos y agonista quien
participase de concursos, sea actor, abogado, combatiente o atleta.
Propongo la identificación del término agonística con esa difusa
¨disposición para la venta, que sólo nos dice que quien la posea logrará un mayor
número de transacciones comerciales, pero no nos permite identificar sus connotaciones
constituyentes para reconocerlas en los hombres, y estimularlas en procura de mejores
logros.
El profesor Ferruccio Antonelli, dijo al respecto "con una espontánea
necesidad de confrontarse con el prójimo se identifica el espíritu agonístico,
típico elemento de la personalidad". Puede definirse la agonística como una
agresividad competitiva inconsciente. Pero agonística no es sólo la confrontación, sino
amor por la confrontación. Es liberación de una sobrecarga agresiva.
"En el fondo de un comportamiento agonístico hay un sentimiento de
insuficiencia vital, esto es, de no estar a la altura de la situación y de sentirse
incapaz de dominar el ambiente". Este concepto del profesor Antonelli encierra la
idea de mecanismo de compensación.
Inconscientemente se procura escapar de ese sentimiento de inferioridad y
exactamente por su opuesto, tratando de testimoniarse a si mismo valor, posibilidad,
superioridad. A la retracción genuina opone la extroversión agresiva. De ahí la
reconocida y típica personalidad del vendedor, que surge como compensación de carencias
profundas.
La competitividad agresiva ya es un principio de compensación, antes de la
confrontación y de supuestos éxitos. Es que su estado aparente, el estado deseado como
permanente y auténtico, es valorado en sí y por sí mismo, y por quienes le rodean,
aunque más no sea que transitoriamente. Pero la purgación psicológica de la tensión
sólo será alcanzada por medio de la confrontación y del consecuente éxito obtenido en
la misma.
La venta le proporciona a través de cada nuevo acto, de cada nuevo cliente,
una nueva confrontación en la que tiene la posibilidad de demostrar y mostrarse. Es
un comenzar cada vez. El desaliento por los frecuentes rechazos, por parte de los
clientes tarda en llegar, y esto suele llamarnos la atención. Sin embargo, si notamos que
el desaliento es resignación a reconocer definitivamente su insuficiencia, resulta
comprensible la reticencia a aceptarla valiéndose de racionalizaciones.
En tanto pueda permanecer en confrontación, es parcialmente compensatorio siempre
preferible a una definición adversa. De allí innecesaria postergación
de tratativas con ciertos clientes difíciles, la solicitud de nuevas oportunidades, el
procurar clientes nuevos.
El comportamiento agonístico tiene pues una función catártica,
liberadora, distendente, ejercida a través de la vibración intelectual y física puesta
en la confrontación. A un mayor grado de desgaste, se supone haber obtenido un mas alto
grado de identificación con el cliente, o haber cotejado con un ente (individuo u
organización) de nivel superior, derivándose en una mayor gratificación.
La catarsis del vendedor implica una transferencia en el cliente, en el que
se obtendrá planos diferentes de identificación según sean éstos con el agente, con el
producto o servicio o con la empresa. Una profesionalizada administración de este
mecanismo de compensación por vía de la transferencia, se observa en el desplazamiento
del eje de identificación desde con el propio vendedor hacia la empresa que representa,
pasando por los productos. En suma su comportamiento agonístico ha sido profesionalizado,
al punto de poder testimoniarse logrando identificación del cliente para con otro,
empresa o producto y ya no consigo mismo. Ello significa haber llegado a una integración
del hombre, en su rol laboral, con la organización que le ocupa.
En el comportamiento agonístico cabe distinguir algunos de sus más
importantes elementos componentes a fin de analizarlos con menor superficialidad
y penetrar en la trama sutil del hombre.
Con ello se procura conocerlo mejor para mejor conducirlo,
con beneficio común para la empresa y el hombre mismo, no sólo en lo económico, sino
lo más importante, para una integración armónica de seres que buscan realizarse en una
organización.
Así trataremos la agresividad, la tensión, la compensación, el
exhibicionismo y concluiremos con la motivación a modo de simbiosis. |