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Efectivamente,
la última Cuenta de Inversión aprobada fue la del
Ejercicio 1993, mientras que la discusión a que diera
lugar la Cuenta de 1994 impidió que el Congreso
Nacional resolviera sobre las restantes hasta la
fecha, suscitándose el problema de fondo durante la
gestión Menem-Cavallo.-
El periodista menciona las discrepancias suscitadas en
el ámbito de la Comisión Parlamentaria Mixta
Revisora de Cuentas de la Administración, integrada
por diputados y senadores. Así, se ha dicho que para
el ejercicio 1994 la Auditoría General de la Nación
(órgano de control externo con rango constitucional),
debería también auditar "la totalidad de los
ingresos por privatizaciones", cosa que no hizo,
probablemente el punto más oscuro de la cuestión,
dado que existiría una "diferencia que supera
los 500 millones de pesos".-
Por su parte, según dicho artículo periodístico, la
Contaduría General de la Nación "expresó que
la mayoría de las observaciones de la Auditoría
General de la Nación apuntan a discrepancias entre la
documentación que recibió el auditor fuera del ámbito
de la CGN y la exposición de cifras que ésta consignó
en los cuadros estadísticos", con lo cual se
traslada la responsabilidad a las denominadas
"unidades de registro primario" en los
Organismos, las que no ingresaron la información al
sistema o lo hicieron por circuitos no
preestablecidos. Concretamente -y ello es indudable-
la AGN debió verificar si la información obrante en
la Secretaría de Hacienda concordaba con la
documentación de respaldo de dichas unidades.-
En tal sentido, no sorprende que la gestión hacendal
de ese entonces presentara una dispersión de tal
magnitud, especialmente cuando el proceso
indiscriminado de privatizaciones no se concentró en
un área rectora, sino que, por el contrario, la
"responsabilidad" se diluyó en las
distintas áreas gubernamentales involucradas, con lo
cual pude inferirse el consiguiente grado de dispersión
de los recursos y la incertidumbre de sus
aplicaciones, situación de inusual gravedad.-
Por ello, resultan improcedentes las críticas
formuladas a la CGN, por cuanto la misma se limitó a
registrar la información remitida por las áreas de
supuesta incumbencia, en cuyo caso hubiera
correspondido, complementariamente, que las
"unidades de auditoría interna",
dependientes técnicamente de la Sindicatura General
de la Nación (órgano de control interno) y la misma
AGN, efectuaran una auditoría integral sobre el
proceso de privatizaciones, dada su índole y la
magnitud de los intereses en juego.-
En este caso se demuestra que, al igual que en la
gestión actual y salvo excepciones, no existió
"ambiente" de control, por cuya razón
reitero que el control público en el Estado Nacional
resultó prácticamente irrelevante. Resulta difícil
explicar, por ejemplo, las vicisitudes presupuestarias
por las que atraviesa la AGN en una partida como la de
personal contratado, que por su misma flexibilidad, no
condice con la necesidad de un gontrol que garantice
plenamente la consistencia y transparencia de la gestión
gubernamental.-
En última instancia, se repite la historia. En su
momento, rigiendo la ex Ley Nacional de Contabilidad,
la Contaduría General de la Nación, en la década
del 70 y principios de la del 80, tenía a su cargo
"el control interno de la Hacienda Pública"
y, como extensión, a través de su "Cuerpo de
Auditores Delegados" y durante ese periodo,
dictaminar sobre los estados contables presentados por
Organismos y Empresas del Estado ante el Banco
Interamericano de Desarrollo {BID} y Banco Mundial.
Dicha tarea profesional, de reconocida calidad, no
incrementaba el gasto público, por cuanto se
afrontaba exclusivamente con los reducidos salarios de
la Administración Central. Qué ocurrió?: Las
instituciones financieras internacionales decidieron
asignar dicha función a estudios privados de auditoría
incluidos en listas de preferencias y el Estado vió
sustancialmente incrementado dicho gasto público en
concepto de honorarios profesionales, sin variar la
calidad del producto final.-
Así, la situación expuesta sobre la Cuenta de
Inversión ameritaría la necesidad de deslindar las
responsabilidades del caso, por sobrepasar el alcance
tanto de la CGN como de la AGN, dado que si la
información en concepto de privatizaciones resultó
insuficiente, ello obedeció a factores de índole
eminentemente políticos, en cuyo caso, debió
dictaminarse la Cuenta 1994 con las salvedades o
excepciones que correspondieran y, paralelamente, no
haberse omitido el juzgamiento de la gestión política
del período en cuestión. No es justo que la
responsabilidad recaiga siempre sobre los funcionarios
de carrera mientras que los cargos políticos "de
paso" son inmunes de toda culpabilidad.-
Esta es la Argentina que tenemos. La Argentina de hoy
que queremos superar. No basta con una reforma del
Estado si ésta no va acompañada de una profunda
transformación de la cultura organizacional y de un
trascendente replanteo en términos de ética para la
gestión pública. No basta con meras expresiones de
deseos. Se requieren grandes decisiones para recrear
el Estado, con la asistencia de una dirigencia política
que conozca y valore, de una vez por todas, la
importancia de los sistemas de información y del
control público para la rendición de cuentas y la
toma de decisiones.-
Resulta un contrasentido hablar de transparencia si
persiste el desdén por la consistencia de la
información. El riesgo es aparentar, falsamente, una
transparencia que no es tal, con una gran profusión
de datos al alcance de la opinión pública, pero que
no son sometidos a controles integrados serios,
consistentes y confiables, avalados por autoridades
políticas comprometidas y dispuestas a reconstruir la
Nación.
Setiembre/2001 |