RESUMEN
Este trabajo pondera la importancia que tiene para las
instituciones el buen funcionamiento de los sistemas
de control pero señala que el enfoque está apoyado
en la organización de estructuras para ese fin y en
el diseño de los procedimientos a aplicar.
También señala que a pesar de todo lo realizado, la
opinión o sensación de la población es que poco se
realiza en materia.
Se sostiene en el documento que no es suficiente, en
el momento actual, limitarse al esfuerzo de la
organización de estructuras y sistemas. Si la gente
siente que el control que se ejerce no es suficiente,
algo está faltando.
Lo que falta, a criterio de este trabajo, es lograr el
adecuado encuadre de otros aspectos de la Administración
para el funcionamiento correcto de los controles.
Con el objeto de lograr el debate y que la atención
de expertos y políticos se asiente en estos aspectos,
se presenta un listado de algunos de los requisitos
que el autor considera de cumplimiento necesario para
el ejercicio del control republicano de las cuentas
del Gobierno.
El
Control Público. Requisitos para su eficacia
Tenemos una nueva ley que regula la administración
Nacional, se crearon nuevos institutos y los expertos
diseñan sistemas e informes pero la opinión pública
mira todavía consternada a los gobernantes.
Parecería que la gente no percibe lo que se hace.
¿Se hace algo? Sin duda.
¿Falta algo? Parecería que sí. No se puede ignorar este dato de la realidad: La gente
no siente que haya adecuado control de la gestión de
sus representantes. Si esta sensación existe no puede
ser el resultado de la ignorancia o la consecuencia de
la pérdida malintencionados comunicadores. Por otra
parte, sucesos públicos respaldarían la
razonabilidad de la presencia de esta sensación.
Sin embargo, la discusión y atención está en la
organización de los organismos de control y sus
procedimientos. No se observa la misma atención para definir sobre dónde
y a quién controlar y cuáles son los requisitos para
que sea eficiente y eficaz. Parece que el problema podía
residir justamente en estos aspectos.
La intención de este documento es hacer un listado y
descripción de algunos de estos requisitos y que
provoque el necesario debate, análisis y puesta en
orden.
1.
Debemos
empezar, como corresponde, por el principio, y el
principio es la existencia de la vocación por ejercer
el control (con las dificultades que eso provoca) y de
la disposición a ser controlado (con los límites
para desarrollar la propia voluntad).
Aunque parezca perogrullo, esta manifestación está
basada en al experiencia; años de desorden han
deteriorado las prácticas administrativas y la falta
de estabilidad institucional interrumpió la
capacitación y dificultó la sucesión normal de los
funcionarios. Los recién llegados, a veces por
desconocimiento y otras por caprichos, ejercían las
facultades recibidas con un amplio margen de
arbitrariedad.
Hoy, falta la tradición y el orgullo del
“controlador”.
2.
Para
poder controlar (o si se prefiere, supervisar) es
necesario que sea claramente explícito el resultado
que se pretende lograr. El Presupuesto por Programas es un instrumento apto
para este requisito. Pero también debemos aceptar que
aunque el reiterado cumplimientos de los plazos en la
presentación del presupuesto anual es realmente un
destacado logro, estamos aún lejos de que este
instrumento cumpla la definición de las metas que el
gobierno aspira a cumplir con los medios que solicita.
Ni los legisladores, ni los periodistas, ni
organizaciones intermedias, profundizan en el
significado que tienen las demandas incluidas en el
Presupuesto, que es (o debería ser) nada menos que el
Plan de Gobierno del correspondiente año.
3.
La
sociedad, la gente, debe tener conciencia de la existencia
de la cosa pública y respetarla. Mejor,
apreciarla; darle valor a su existencia y que valga la
pena cuidarla.
Las conductas prevalecientes en nuestra vida diaria
mostrarían la ausencia del valor que se asigna a la
propiedad común. De parte del habitante común lo
mostraría la forma de tratar los desperdicios
(papeles, latas, etc.). De las autoridades, como
muestra están los recapados de las calles por encima
del nivel de las veredas y producidos los baches
legales y pagos que representan las distintas tapas a
bajo nivel de los asfaltos más las veredas
permanentemente deterioradas.
La dificultad para controlar, poner en límites
normales, el uso de los espacios públicos; puestos de
vendedores, expansión de los kioscos de diarieros,
etc., es el resultado de la despreocupación del
respeto que se debe demandar por la cosa pública.
4.
Además
de la mencionada propiedad común (la cosa pública),
que se refiere a los bienes físicos, es necesaria la
voluntad de ajustar las conductas a las reglas
que estén establecidas, es decir, tener un
comportamiento que respete sin necesidad de mayor
coerción, los limites de los intereses y gustos. Cuanta mayor autonomía se tenga para actuar (poder,
riqueza, etc.) más manifiesto debería ser el
proceder ajustado al respeto normativo y las buenas
costumbres.
5.
Como
corolario de los puntos anteriores, será natural y
espontáneo que funcionarios y políticos rindan
cuenta de su gestión (“respondabilidad”; en inglés;
accountability) y que se sometan a la
vigilancia y opinión pública.
Decir eso también incluye el actuar austero.
6.
Por
las mismas razones, los que circunstancialmente están
a cargo deberán soportar las crítica, cualquiera sea
su naturaleza.
En razón de haber recibido el encargo de
representarlos, es natural qué estén sujetos a la
permanente observación y, por consiguiente, recibir
comentarios críticos. Lo que corresponde es que los
respondan y si pueden que los refuten.
7.
En
estas condiciones, la población, los periodistas y
los opositores deberán ejercer su derecho a la crítica
y, si correspondiere, las denuncias
con seriedad y prudencia.
Este ejercicio es condición necesaria para mantener
un ambiente civilizado en las discusiones y, en su
caso, para que el porcentaje de las investigaciones
satisfactorias no sea decepcionante.
8.
Para
que la tolerancia y la credibilidad prevalezca, es
requisito sea suministrada información
oportuna, detallada y entendible.
La calificación de la información que se suministre
corresponderá a sus destinatarios y quienes sea los
responsables de su diseño y preparación deberán
ajustarse a los requerimientos de los usuarios.
Esta información cubrirá tanto los objetivos y
logros como la clara explicación del origen y del uso
de los fondos; que cuando corresponda, incluirá los
puestos a disposición en forma extra presupuestaria.
9.
Separar
las funciones administrativas y políticas
claramente entre los funcionarios de carrera (con
estabilidad) y los asignados a los cargos políticos(por definición, transitorios).
Será natural el respeto de los procedimientos y habrá
mayor dedicación por la definición de los objetivos
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