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Límite de los profesionales para ser dueños de su carrera

Autora: Dra. Nora Moreau
Presidente de la Comisión de Administración de Recursos Humanos
El deterioro del mercado laboral produjo que los empleados calificados modifiquen su forma de adscripción a la empresa y asuman ellos mismos el desarrollo de su capital intelectual
En estas mismas columnas reflexionamos en Junio de 1999 acerca del impacto que estaba produciendo sobre el sector laboral en general y específicamente entre los profesionales, las continuas reingenierías, downsizing, fusiones, privatizaciones, traslados, cambios de elencos ejecutivos, concursos y quiebras. Lo observábamos desde la rotación y salida forzada de gran cantidad de personas que buscaban insertarse a veces desesperadamente, en otras empresas o contextos institucionales.

En una situación así, que perdura y se ha profundizado desde entonces, señalábamos el punto de tensión que se daba en la vida de las personas entre la necesidad interna de estabilidad o certeza y el estado de inestabilidad que parece ser el signo actual y futuro de la economía.

En aquella nota destacamos el valor de contención que desempeña para el individuo la empresa donde trabaja y el grupo humano donde está incluido y la sensación de expulsión que implica una salida forzosa, con sentimientos equiparables en algunos casos a ser arrojado de la propia familia.

Dijimos también que toda esta movilidad, comenzaba a perfilar una población trabajadora más dispuesta a mirar hacia afuera, a "estar" permanentemente en el mercado.

Nos preguntábamos entonces qué pasaría con el compromiso, esa condición tan apreciada por las empresas.

También inquiríamos sobre el individuo. Si el sistema laboral en lugar de contener sus ansiedades las acrecienta continuamente, nos preguntábamos ¿adónde irá? ¿Cómo buscará integrarse?


Cambio de actitud

Después de 2 años de aquella nota y de intenso trabajo con equipos profesionales y ejecutivos a todo nivel, creo que estamos en condiciones de intentar algunas respuestas y de mostrar los cambios que se están dando a nuestro criterio en las personas como consecuencia del ambiente de inestabilidad descripto.

En primer lugar el tema del compromiso. Esto atañe fundamentalmente al contrato psicológico con la empresa. Ya la gente aprendió que el mismo no es "full life". Ha visto que en un contexto competitivo, con fuertes cambios tecnológicos, con costos empujados hacia abajo la estabilidad es una hermosa historia del pasado. Sabe que a cualquiera "le puede tocar", no por arbitrariedad empresaria sino por la lógica del sistema económico en el que está inserta la empresa. El compromiso subsiste, no obstante, pero más como el deber ser de la ejecución de un buen trabajo.

Ha bajado en general la adhesión personal hacia la empresa como se la veía años atrás. Es una reacción que marca una distancia, tal vez como mecanismo defensivo ante la eventualidad de un despido.

En las entrevistas que llevamos a cabo con motivo de nuestro asesoramiento para el desarrollo de carrera observamos que el profesional está volviendo su mirada sobre sí mismo.

Sigue dispuesto a luchar por el éxito de la empresa donde trabaja pero es mucho más consciente del capital personal que pone en juego. La distancia que ha establecido le permite confundirse menos con las demandas y modalidades de la organización. Ya no esperará tanto como en el pasado que la empresa planifique su carrera, porque entre otros motivos, este es un tema de largo plazo que pocas empresas están dispuestas a asumir por las contingencias que hemos descripto.

Así la planificación de la carrera personal está pasando crecientemente a manos del propio profesional que se pregunta más firmemente sobre sus opciones, su estrategia de desarrollo y especialmente sobre sus competencias, que constituyen nada menos que su propio capital.

En aquella nota de junio de 1999 nos preguntábamos también, en vista de la notoria inestabilidad cómo buscaría integrarse el individuo. Si el pasaje por las empresas puede ser más efímero, con qué se identificará? La pregunta sigue hoy siendo válida y el tema me trae el recuerdo de una encuesta que se había realizado en Estados Unidos hace muchos años, mientras yo cursaba mi MBA en Columbia. Se había tomado una muestra de Ingenieros Químicos que trabajaban en distintas empresas. Una de las preguntas enfocaba directamente el tema de la
identificación. La inmensa mayoría contestó sobre el particular que se identificaba con su profesión y con los organismos que la representaban y menos con la empresa donde trabajaba.

El resultado no dejó de sorprenderme pues yo provenía de una cultura donde la gente estaba más apegada a la empresa y había premios a la permanencia y la estabilidad.

En la sociedad americana, con pleno empleo, las empresas concurrían tempranamente a la Universidad para captar a los mejores alumnos (el "acomplishment" era algo valorado) y de ahí en más parecía natural que cada profesional buscara en el mercado las mejores oportunidades en función de una estrategia propia. Lamentablemente aquí la movilidad se está dando mucho más por los despidos que por rotación voluntaria, pero el efecto no ha sido menor: una mayor distancia y una creciente autorreferencia. Por supuesto que esto afecta la identificación. Por lo pronto se observa un mayor protagonismo de asociaciones intermedias de todo tipo adonde la gente se siente pertenecer.

Esto ocurre a lo largo de todo el país. También los organismos profesionales como el Consejo Profesional de Ciencias Económicas y el Colegio y Asociación de Abogados, para citar algunos ejemplos, cada vez son más convocantes entre sus matriculados o asociados y se muestran al mismo tiempo abiertos a proyectos de interés general de la comunidad.

Yo creo que los caminos que se están abriendo en la comunidad profesional y que transitan por el propio compromiso, la pertenencia y la identificación personal son a esta altura de gran envergadura y ya no tienen retorno.

Fecha de publicación: 10/12/01

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