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Cuando
en la Comisión de Administración de Recursos Humanos
desarrollamos el Programa de Actividades para el año
2002, establecimos dentro de sus ejes temáticos la
necesidad de proveer herramientas para mejorar la
empleabilidad de la matrícula y de la población en
general. Por tal motivo decidimos avocarnos a la búsqueda
de nuevas oportunidades laborales, y dentro de las
investigaciones encaradas durante el año por los
miembros de la Comisión, decidimos interiorizarnos
sobre el Programa Pro-Huerta, dado que descubrimos que
además de proveer alimentos a la población más
necesitada, brinda nuevas posibilidades de trabajo, en
contraposición a los subsidios del gobierno (como por
ejemplo, los planes jefes de hogar) que sólo
solucionan en una mínima parte las necesidades económicas
de la gente.
Se trata de un programa sumamente creativo, económico
y que satisface verdaderamente las necesidades de los
agricultores que trabajan en él, dado que cubren las
necesidades laborales, alimenticias y fundamentalmente
revalorizan al individuo, puesto que aumenta
fuertemente su autoestima, al volver a incluirlos en
el circuito productivo.
Finalmente y luego de numerosas gestiones realizadas
por uno de los miembros de la Comisión, logramos que
nos visitara en la sede de nuestro Consejo el
responsable máximo a nivel nacional del Programa
Pro-Huerta, el Ingeniero Agrónomo Daniel N. Díaz. La
exposición del Ing. Díaz se desarrolló en el seno
de nuestra Comisión, y nos interiorizó muy didácticamente
acerca de los contenidos y objetivos del Programa, los
cuales explicamos a continuación en forma sintética,
puesto que nos parece una alternativa de trabajo muy
interesante que debería ser multiplicada lo más rápido
posible dentro de la población del país.
PROGRAMA
PRO-HUERTA
Introducción
El PRO-HUERTA es un programa de seguridad alimentaria
dirigido a la población en situación de pobreza
estructural y bajo la línea de pobreza, dado que se
trata de una alternativa de apoyo técnico integral a
grupos y organizaciones solidarias, para mejorar el
nivel de alimentación de dichos sectores de la
población, por medio de una estrategia de acción que
se basa en distintos niveles de participación y
coordinación interinstitucional. Es ejecutado por el
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA),
con financiamiento del Ministerio de Desarrollo Social
de la Nación.
PRO-HUERTA aborda la seguridad alimentaria mediante la
autoproducción en pequeña escala de alimentos
frescos por parte de los beneficiarios del programa, a
través de huertas y granjas familiares, escolares y
comunitarias. La huerta orgánica es una forma natural
y económica de producir alimentos sanos durante todo
el año.
El programa tiene carácter nacional, y dos tercios de
los beneficiarios son pobres urbanos y periurbanos. La
operatoria se asienta básicamente en la intervención
activa del voluntariado y de redes de organizaciones
de la sociedad civil, donde el rol de la mujer es muy
significativo.
El modelo técnico de agricultura orgánica y la
metodología de aplicación se han ido complementando
recíprocamente, dando así al programa una fuerte
penetración territorial, gran valoración social y
eficacia para la incorporación de vitaminas,
minerales y proteínas en la dieta de los hogares
pobres, mediante productos frescos de huerta y granja;
constituyéndose así en una herramienta válida para
mejorar y diversificar la alimentación de los
sectores sociales más vulnerables, fundamentalmente
en lo que se refiere a situaciones de desnutrición crónica
por problemas de acceso económico a determinados
grupos de alimentos.
Antecedentes
El programa PRO-HUERTA fue formulado por el INTA a
principios de 1990. Esto se debió a que en 1989 el país
había atravesado una de sus peores crisis
hiperinflacionarias que, entre otras consecuencias,
provocó una crítica situación en las condiciones de
abastecimiento alimentario de los sectores más
vulnerables de la población. Por otro lado entre 1965
y 1985 los hogares pobres habían reducido su consumo
de alimentos un 35%, con una dieta menos variada,
donde las hortalizas frescas aportaban a la mesa
familiar, la mitad de los consumido 20 años antes.
Este diagnóstico fue contemplado por el INTA al
momento de diseñar el programa, el cual se planteó
como una acción directa para incrementar las
oportunidades de acceso desde lo micro y sobre un
grupo de alimentos claramente deficitarios en los
sectores más pobres.
El programa PRO-HUERTA posibilitó una vinculación
entre técnicos y comunidades basada en el respeto
mutuo, la honestidad y el compromiso, y al mismo
tiempo permitió que surgiera y se consolidara el
voluntariado como elemento básico del éxito de las
acciones. Elementos tales como la recuperación de la
autoestima, el efecto demostrativo o testimonial,
valores solidarios y compromisos mutuos concertados
entre el programa, entidades copartícipes y su
población objetivo, dotaron al programa de una gran
capacidad para movilizar recursos, para ampliar su
escala de intervención y para otorgarle una
significativa valoración social.
Hacia fines del año 1990 el programa contaba con
alrededor de 4.500 huertas funcionando, que brindaban
alimentos a aproximadamente 43.000 personas. A
mediados de 2002, el total de huertas activas ascendía
a más de 500.000, con un total de personas
alimentadas que superaba los 3.200.000.
Objetivos
del Programa
•
Complementar
la alimentación mediante la autoproducción.
• Mejorar
la calidad de la dieta alimentaria.
• Mejorar
el gasto familiar en alimentos.
• Promover
la participación comunitaria en la producción de
alimentos.
• Generar
tecnologías apropiadas para la autoproducción de
alimentos.
• Promover
pequeñas alternativas productivas agroalimentarias.
Principales
Características del Programa
• Utiliza técnicas
orgánicas, no requiere el uso de agroquímicos.
• Proporciona
los requerimientos nutricionales considerados
sustantivos (minerales y vitaminas), y no compite con
los alimentos consumidos tradicionalmente (calorías y
proteínas).
• Responde
eficazmente al aumento del consumo de alimentos, ya
que la producción obtenida no es monetizable y la
escala de producción es pequeña.
• Los
beneficiarios no son receptores pasivos de las
prestaciones, sino que por el contrario contribuyen al
programa con dos factores esenciales, que son la
tierra donde se instalan las huertas y el trabajo
necesario para cultivarlas y cosechar.
• Es
autofocalizable dado que la asistencia alimentaria
requiere de la mano de obra del propio beneficiario.
• Incorpora
recursos con costo de oportunidad nulo, ya que en
buena proporción los huerteros están fuera del
mercado laboral (amas de casa, desocupados, jubilados
con bajos ingresos, etc.).
• Se
dirige a la familia en su conjunto y no hacia uno de
sus miembros en particular, evitando provocar
diferenciaciones dentro del hogar beneficiario.
• Mejora
la autoestima de las familias haciéndolas participar
en una actividad que tiene reconocimiento social y
valor productivo.
• La
capacitación brindada, además de favorecer mejores
condiciones de acceso a alimentos frescos, provee
conocimientos para una mejor alimentación, una mejora
del hábitat y la generación de habilidades
productivas.
• En
el caso de huertas escolares, se integra a las
actividades pedagógicas, formando parte de la
curricula educativa.
• En
el caso de emprendimientos comunitarios (centros de
salud, cárceles, etc.) se integra a las acciones
desarrolladas por la propia organización.
• No
requiere de aprovisionamientos voluminosos de
alimentos en períodos cortos de tiempo, evitando los
costos administrativos en compras y transporte. La
semilla orgánica – única compra centralizada y
principal insumo del Programa – es provista dos
veces en el año y representa una fracción pequeña
del volumen de alimentos finalmente obtenido.
• Los
insumos que se distribuyen no tienen un valor
comercial que pueda dar lugar a maniobras
fraudulentas.
• Al
participar el beneficiario con su aporte sustancial de
valor agregado, desestimula el desvío de los recursos
y la posible manipulación política de la prestación.
• Tiene
costos decrecientes a medida que los beneficiarios se
hacen autosuficientes en el manejo de la huerta-granja
orgánica.
• Tiene
una fuerte penetración territorial, promoviendo el
afincamiento de las poblaciones en situación de
vulnerabilidad social.
Organización
Interna del Programa
El Programa PRO-HUERTA está dirigido por un Comité
Coordinador, del cual depende la Coordinación
Nacional. El responsable máximo del Programa es el
Ing. Agr. Daniel N. Díaz. De la Coordinación
Nacional dependen 6 Representaciones Regionales, las
cuales a su vez comandan a los 25 Coordinadores
Provinciales. Estos últimos tienen a su cargo a 640 Técnicos,
dedicados a tiempo completo al Programa, de los cuales
80 pertenecen al INTA, 450 son contratados y 110
pertenecen a otras instituciones. Los Técnicos a su
vez tienen a su cargo a 16.250 Promotores o Agentes
Multiplicadores (comunitarios, institucionales y
docentes), que son los que en definitiva atienden a
todas las huertas del país, distribuídas en 3.800
localidades.
Según
datos definitivos de la campaña Otoño-Invierno 2002,
a esa fecha se encontraban funcionando 502.238 Huertas
Familiares, que alimentaban a 2.517.700 personas;
6.773 Huertas Escolares que daban de comer a 535.800
niños; y 4.250 Huertas Comunitarias que otorgaban
alimentos a 178.100 personas.
Propuesta
Técnica del PRO-HUERTA
El Programa se asienta en la huerta – granja orgánica
en pequeña escala. La opción de promover estos
modelos se fundamenta en la certeza que los mismos
resultan los más apropiados y asimilables para las
condiciones que enfrenta la población objetivo.
El Programa define a la huerta – granja orgánica
como una forma natural y económica de producir
alimentos sanos durante todo el año. Natural,
porque imita los procesos de la naturaleza, económica,
porque maximiza la utilización de los recursos
disponibles, propiciando así mayor autosuficiencia y
sostenibilidad y sana porque se trata
de producción libre de agrotóxicos.
El Programa PRO-HUERTA no entrega herramientas o
implementos para las huertas – granjas, pero asegura
su desarrollo y multiplicación por medio de la
“autoconstrucción” de herramientas e implementos
para el auto-abastecimiento, y al promover la formación
de redes horizontales para su producción y distribución.
Modalidad
de ejecución
El Programa centraliza su operatoria en dos campañas
anuales otoño-invierno y primavera-verano
diferenciadas según ciclos biológicos. El
abastecimiento de semilla hortícola - principal
insumo del programa -, se produce por licitación pública
durante los meses de diciembre y mayo según campaña.
La cantidad requerida por el Programa surge de la
estimación establecida al final de la campaña
anterior y forma parte de la planificación para el año
en curso.
Al momento de su lanzamiento, el PRO-HUERTA determina
por cuestiones operativas, definir un Kit de semillas
para una huerta familiar con una superficie de 100 m2,
contemplando una ingesta balanceada en aportes vitamínicos,
calóricos y de minerales, asegurando la biodiversidad
para la producción autosostenida, con la posibilidad
de asociaciones y fundamentalmente la reposición de
fertilidad, mediante rotaciones de leguminosas.
Evaluación
y monitoreo
Las huertas ejecutadas por los beneficiarios del
Programa son monitoreadas y supervisadas periódicamente
por los promotores y el personal técnico de
PRO-HUERTA. La información obtenida se recopila y
sistematiza para la confección de los datos
estimativos o preliminares de la evolución de la
campaña en curso.
La evaluación final de las huertas se efectúa una
vez finalizado el ciclo vegetativo, mediante el análisis
de los resultados obtenidos. En ese sentido, hay que
tener en cuenta que la huerta responde a un conjunto
de procesos biológicos complejos que coexisten y se
relacionan en forma dinámica.
Para visualizar con mayor claridad el impacto económico
y alimentario del Programa, se llevan a cabo estudios
en distintos puntos del país, para aproximar la
cantidad de hortalizas obtenidas y el valor de la
producción en los diferentes tipos de huertas y bajo
condiciones reales de producción.
Una primer constatación pone de relieve en términos
generales que, tanto en el caso de las huertas
familiares como las comunitarias, los modelos atienden
apropiadamente las condiciones de autoabastecimiento,
mientras que las huertas escolares cumplen un rol
principalmente motivacional y pedagógico,
complementando subsidiariamente el aprovisionamiento
del comedor escolar. |