El
Contexto
Como puede apreciarse, la corrupción siempre ha existido, es universal y es un síntoma
del debilitamiento del sistema de controles de la sociedad. Esto sucede cuando la sociedad
depende mas de virtudes o de virtuosos en lugar de recurrir al establecimiento de normas y
controles que puedan ofrecer resultados positivos en la lucha contra la corrupción.
Pero cada vez mas y con mayor intensidad, el cinismo y la trasgresión (el vale
todo) afectan la moral de los negocios. Es posible que la sociedad no le haya
prestado la debida atención, debido a que se comete el error de considerar las cuestiones
de negocios aisladamente de lo social, como si resultaran fenómenos distintos. Hoy puede
observarse su efectiva conexión y sus consecuencias, que no solo afectan a los
damnificados sino que además tienen una fuerte repercusión desmoralizadora sobre el
resto de la sociedad.
En los casos internacionales que se están conociendo, uno de los mayores perdedores han
sido los auditores. Perdieron su credibilidad, su empleo y su futuro. También la
credibilidad de la profesión quedó muy dañada y la pregunta es: ¿Porqué los
contadores aceptaron y hasta contribuyeron con sus conocimientos a este estado de cosas?
¿Fue solo por corrupción o porque perdieron su independencia y su objetividad?Características de la labor
del Auditor
En el sistema de controles, la sociedad ha delegado en los contadores el control de la
integridad y la confiabilidad de la información originada en los negocios, es decir, le
ha sido otorgada el poder de tutelar la fe pública, de salvaguardar el interés público.
Para el ejercicio de esta función pública, se le exige a los profesionales, a través de
las normas éticas que regulan la profesión, tener un comportamiento íntegro y una
opinión objetiva en la emisión de sus informes profesionales.
Pero no basta solo la moral y la honestidad intelectual para asegurar la calidad
profesional, porque estos son valores que no se pueden calificar o medir objetivamente,
sino que además las normas y el control a que deberán someterse los profesionales para
garantizar su idoneidad, su integridad y su objetividad, tienen que estar definidas con la
mayor precisión para permitir a la sociedad identificar clara y rápidamente los
comportamientos dolosos o negligentes cuando estos se producen.
Dentro de estas normas, uno de los principios básicos, definido como fundamental y
delicado en la actividad del auditor es su independencia, característica que le permite
que su opinión sea objetiva y no esté contaminada por compromisos personales ni por
presiones externas.
Por esta razón y en vista de los recientes escándalos, se discute nuevamente con mayor
intensidad, si la prestación de servicios de asesoramiento es incompatible con la labor
de auditoria, teniendo en cuenta que las diferentes características de ambos servicios
generan un conflicto de intereses entre ambas labores y que al ser realizada por la misma
persona se elimina la necesaria contraposición objetiva de intereses.
Las opiniones, cuando se analiza ésta cuestión, van desde considerar la prestación
simultánea de servicios de asesoramiento y auditoria como absolutamente incompatible
hasta minimizar el conflicto existente en la coexistencia de ambas prestaciones.
Los que defienden la posición extrema de incompatibilidad, opinan que siendo la
obligación del auditor la de calificar el control interno y la información contable
ofrecida por el cliente, habría un conflicto de intereses derivado de la confusión de
ser la misma persona la que al asesorar ofrece soluciones que luego debe calificarlas,
faltando en ese caso el elemento esencial de objetividad.
Las posiciones más proclives a mantener la coexistencia de ambas funciones aluden en
principio a que no debería ponerse en duda la labor del auditor en la medida que este no
efectúe tareas o tome decisiones a nivel directivo o ejecutivo, es decir que no tenga
responsabilidad de aceptar o ejecutar el asesoramiento propuesto. Otra de las razones
esgrimidas es que el desempeño de ambos cargos permiten al profesional conocer con mayor
profundidad la problemática del cliente lo que le posibilitaría ofrecerle mejores
opiniones profesionales sobre cuestiones especiales o complejas.
En el análisis de esta cuestión, también debería tenerse en cuenta el tamaño de las
empresas. Es evidente que una PyME se encontraría con desventajas económicas si se le
negara la posibilidad de contratar un solo profesional. Esta cuestión es importante en
nuestro país, si se considera que el tamaño promedio de estas empresas es varias veces
más pequeño que sus similares del mundo desarrollado y que la falta de recursos, que
normalmente las priva de estructuras administrativas confiables, las pondría en una
situación aún más comprometida al no tener acceso a asesoramiento confiable en
cuestiones fiscales o financieras que difícilmente puedan comprometer la objetividad al
momento de la auditoria. También debe tenerse en cuenta que los balances de las pequeñas
sociedades tienen en general, por objeto solo los fines fiscales y que rara vez son
utilizados para fines financieros por la falta de adecuados mercados de capitales para
este tipo de empresas.
Sin embargo, la cuestión puede ser distinta en el caso de las grandes empresas. En ellas,
ya sea por el tamaño relativo, por su significación en el mercado o por la dimensión de
los intereses en juego, las consecuencias de una labor de auditoria deficiente o
deshonesta pueden impactar seriamente en el conjunto de la sociedad, por ésta razón se
debe considerar seriamente la incompatibilidad entre ambos servicios, para que el asesor,
al intervenir en situaciones controversiales, no se vea obligado, comprometido o apremiado
a dar una opinión, en la que necesariamente se verían amenazadas su independencia y su
objetividad.
Por último, debemos tener en cuenta que actualmente la ética del profesional puede estar
mucho más afectada por otros factores, quizás de más peso que la prestación
simultánea de servicios. Entre ellos debemos considerar los siguientes:
Una sociedad seriamente contaminada por la corrupción.
Empresas cuyas estructuras de dirección tienen en
algunos casos objetivos diferentes de los de sus accionistas y en algunos casos, objetivos
contrarios a los de la sociedad.
Instituciones educativas donde la formación ética
del profesional no tiene un lugar preferencial y donde estas instituciones a su vez son un
muestrario de ejemplos de prácticas corruptas.
Una economía arruinada donde el auditor tiene que
opinar muchas veces sobre las cuentas de su principal cliente o del cliente que representa
para él su posibilidad de subsistencia.
Una estructura legal e impositiva desprestigiada,
arbitraria, confusa y altamente controversial con serias restricciones para el desarrollo
económico.
Conclusiones
Si bien es indudable que la prestación simultánea de servicios de auditoria y
asesoramiento influyen en la objetividad del auditor, es necesario admitir que en nuestro
país, en las PyME, debe permitirse la ejecución de ambas tareas por parte del mismo
profesional, en la medida que se modifiquen las normas profesionales, fijando marcos
referenciales diferentes para PyME y grandes empresas y que el auditor deje claramente
establecido que por la naturaleza del asesoramiento brindado, en ningún momento ha
realizado tareas de ejecución o dirección, aún en forma independiente, a fin de
garantizar que su labor de asesor no afectó su independencia de criterio.
De cualquier manera no podemos pensar que la mera modificación de las normas mejorará la
integridad de nuestra profesión. En este sentido, hay que exhortar a los profesionales
para que tengan y exijan un comportamiento serio y éticamente responsable, no solo por
una actitud principista, sino porque la situación actual nos muestra de manera muy cruel
como la corrupción nos empobrece dramáticamente a todos sin distinción. |