Ollas, productos cosméticos, de
belleza o ropa son los más buscados.
Sólo en Avon tomaron 30 mil promotoras más este año.
El sector ocupa a 468.000 personas.
Cada vez más personas, en su mayoría mujeres, ven en la venta puerta a
puerta una salida posible en esta época de crisis. Aquellas que hoy están fuera del
mercado laboral y que no poseen conocimientos de inglés ni computación pueden obtener
buenos frutos con la venta personal de productos como cacerolas y utensilios para cocina,
cosméticos, artículos de belleza y de limpieza, entre otros.
Unas 468.000 personas se dedican a la venta directa de productos y servicios en la
Argentina. La cifra corresponde a 2002 y fue provista por el presidente de la Cámara de
Empresas de Venta Directa, Jorge Méndez.
Según Méndez, "en la recesión cae el poder adquisitivo del consumidor; las
compañías tratan de compensar la merma tomando más personal de venta directa y así
amortizar el impacto de la crisis". Además, agregó: "El ingreso constituye una
alternativa viable, por eso creo que va a seguir creciendo el fenómeno".Variados rubros
"La reciente incorporación de 30.000 mujeres por medio de la campaña "La
belleza da trabajo" acrecentó el número de revendedoras de 150.000 a 180.000",
explica Paula Page, del área de Relaciones Institucionales de la empresa Avon en la
Argentina.
La coquetería se empecina en no querer reconocer las crisis económicas. A ello se debe
el importante número de mujeres que se inclinan hoy por la venta de productos de belleza
casa por casa.
Víctor Tabuada, de Tsu Cosméticos, dio cuenta del auge cobrado por el sector: "Hoy
hay en la empresa unas 100.000 revendedoras; hace cinco años había sólo la mitad. Y no
sólo aumentaron en número, sino también en capacidad".
La venta puerta a puerta de baterías de cocina es un fenómeno que se afirma día tras
día. Y nada tiene que ver con los masivos cacerolazos que castigan a los políticos.
Tanto, que la firma Essen cuenta hoy con 7000 revendedoras. "Mucha gente busca
incorporarse; el año pasado hicimos una campaña en la que apostábamos al país y
tuvimos resultados impresionantes", dijo la jefa de promociones, Cristina Artusi.
Por el contrario, el rubro que no pudo eludir la crisis posterior al 20 de diciembre es el
del oro. "Veníamos bien hasta diciembre, pero a raíz de todo lo que pasó en el
Gobierno sentimos el golpe", dijo Hernán González, empleado de una fábrica de
alhajas que se venden en forma personalizada. Y aclaró los motivos: "Es que el oro
no es un producto de primera necesidad y, además, está vinculado con el precio del
dólar".
Entrar en estas organizaciones no es tarea difícil. "Los requisitos son sencillos:
no es necesario un capital inicial ni hay límites de edad. La clave de este negocio es la
motivación. Algunos ven la opción como un ingreso fijo y otros entran y salen del
sistema", explica Tabuada.
La facilidad de manejar los horarios y de no tener que dominar otro idioma ni saber
computación alienta a las potenciales revendedoras de Essen. "No pedimos ni siquiera
que sepan cocinar; hay excelentes vendedoras que no saben ni freír un huevo. Eso sí: hay
una capacitación de una semana en ventas y un cursillo de cocina", explica Artusi.
En cuanto al perfil requerido, no existe uno definido. "Tenemos mujeres de 18 años y
algunas que superan los 70", aclara.
En Avon exigen tres requisitos básicos: ser mayor de 18, vivir en la Argentina y tener un
documento que avale la identidad. "Tiempo y dedicación constituyen la inversión
inicial", explica Page. Y agrega: "Se destaca la mujer independiente, con
iniciativa, capacidad de comunicación y voluntad. Cada revendedora desarrolla la
actividad con la potencia y con la intensidad que crea conveniente".
Dejar de lado los prejuicios es fundamental tanto para quien emprende la reventa puerta a
puerta como para aquella persona a quien le ofrecen algún producto en su propia casa.
"Las zonas sur y oeste del conurbano van a la cabeza en cuanto a cantidad de
clientes. En la Capital la mujer es más reacia a abrir la puerta y, por lo general, le
gusta menos cocinar", arriesga Artusi. Y agrega que la venta de cacerolas también es
un éxito en el interior.
"Los niveles bajos se movilizan mucho más para incrementar sus ingresos. Las
señoras de segmentos medios y altos se relajan más porque de sus ventas no depende el
ingreso principal del hogar", explica Page.
Tabuada, de Tsu, dice que "la venta directa trabaja con la clase media y con la media
baja".
Según Jorge Méndez, de la Cámara, hay segmentos de gente sin experiencia laboral que
consiguen de esta manera tomarse revancha de la crisis.
El auge de la cocina
ayudó en las ventas
"Gracias a las cacerolas conocí Italia", dice Lucía Fernández, con una
sonrisa. La venta de ollas, para esta docente de 66 años, comenzó hace más de 14. El
viaje, en 1998, fue el premio por haber alcanzado uno de los mejores niveles de venta de
aquel año.
"Hoy el tema está duro, pero me sigo asombrando: en abril vendí 4500 pesos, de los
cuales mi ganancia fue alrededor de 1000", se entusiasma.
Lucía encuentra una explicación para su éxito: "La gente vuelve a cocinar,
especialmente las clases altas, por el auge de los canales de cocina". Y cuenta que
dos veces quiso retirarse, pero a su edad "parar la maquinaria es muy
peligroso".
En otro plano, explica que esta actividad la ayudó a afianzar la relación con su marido.
Y agrega: "El trabajo es reconfortante y una manera de estar continuamente en
movimiento. Te tenés que arreglar, hablás y te relacionás con la gente".
A Doris Casidio, de Resistencia, Chaco, la reventa le dio satisfacciones
"espirituales, personales y económicas" desde que comenzó a trabajar, en 1983.
"En este tipo de trabajo no importa si tus medidas no son 90-60-90, y todo lo que
obtenés es resultado de tu esfuerzo", cuenta Doris, que tiene una filosofía
especial para épocas de bolsillos flacos: "El que se paraliza pierde". |