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Tribuna |
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Déficit de salud en
América latina |
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Federico
Tobar Politólogo,
consultor internacional en políticas de salud
América latina puede hacer mucho para
promover el acceso de la población a los medicamentos esenciales. Lo que falta no son
ejemplos como el de Argentina sino voluntad política de transformación.
La mitad de los latinoamericanos no consigue los medicamentos esenciales para su salud y
falta voluntad política para resolver el problema.
Los países de la región continúan
sin remedio. El acceso de la
población a los medicamentos esenciales para los cuidados de su salud está lejos de
constituir una prioridad en las agendas públicas de la región. Menos de la mitad de la población obtiene los
productos que necesita para su salud.
El gasto medio per cápita en medicamentos es apenas la mitad del gasto en medicamentos
por cada vaca europea.
Hay dos estrategias centrales para promover el acceso a medicamentos: la provisión pública y la regulación del
mercado. Es decir, unas políticas
operan por dentro y otras por fuera de las farmacias minoristas.
La entrega de medicamentos en los servicios públicos de salud no sólo tiene muy alto
impacto en términos de combate a la enfermedad sino también sobre la equidad en la distribución de la salud. Pero ese impacto va disminuyendo a medida que se asciende
en el nivel de complejidad de los tratamientos. Es decir, la entrega de medicamentos es una herramienta sanitaria más
poderosa en la prevención y tratamiento de enfermedades agudas que en los tratamientos
complejos de las enfermedades graves.
Por ejemplo, por cada peso invertido en medicamentos para control de la hipertensión
arterial se ahorran 17 pesos en el tratamientos de dos de sus peores consecuencias, los
infartos agudos de miocardio y los accidentes cerebrovasculares.
Sin embargo, en los servicios públicos de salud en América latina se han venido
invirtiendo las prioridades. Es mucho más probable
que los médicos dispongan de medicamentos en hospitales especializados que en puestos y
salitas de atención primaria. Por
ejemplo, el Sistema «único de Salud de Brasil (SUS) invierte 8,6 reales por habitante al
año en medicamentos para sida y 4,3 reales en medicamentos para enfermedades de alto
costo, contra sólo un real para atención primaria. Incluso invierte más en
psicofármacos que en antibióticos para afecciones respiratorias que constituyen la
principal causa de muerte infantil.
En la mayoría de los países, cuando los medicamentos están disponibles en los servicios
se exige a la población que pague por ellos. De esta forma, los cuidados primarios de la salud constituyen una mercancía
antes que un derecho. El resultado es
que, al igual que los ingresos, la salud de la población se concentra en unos pocos.
Argentina constituye un ejemplo de
prioridades adecuadas en provisión pública. Gracias a la entrega gratuita de medicamentos, desde el 2002, en más de
5000 centros de salud de todo el país se ha conseguido reducir la mortalidad infantil y
expandir la esperanza de vida de los argentinos. Ese ejemplo lo siguió Paraguay con su
Programa de Cuidados Sanitarios Básicos que entrega kits de medicamentos para la madre y
el niño no sólo en puestos y centros de salud sino también en hospitales.
La forma más adecuada de regular mercados de medicamentos para promover el acceso
consiste en incorporar estrategias de
genéricos. Aunque bajo este título
se reconocen diferentes acciones, todas ellas tienen en común el intentar promover la competencia por precios rompiendo el monopolio de
marcas.
En América latina las estrategias de genéricos están siendo implementadas a menos del 10% de sus posibilidades. En Argentina, por la Ley 25.649 y sus correspondientes en
todas las provincias, en las recetas se debe incluir el nombre genérico del producto y,
en caso de haber indicación de marca, los farmacéuticos están habilitados a sustituirla
por otro producto equivalente a elección del usuario.
En el 78% de las recetas se incluye el
nombre genérico, lo cual es un logro significativo. Pero aún resta mucho por hacer si se considera que el 22% restante de
las recetas son ilegales. Por otro lado, en la práctica no existe sustitución por parte
de los farmacéuticos. Según la Encuesta de la Comisión Nacional de Proyectos de
Investigación en Salud (CONAPRIS) la sustitución sólo ocurre en 1,2 de cada cien
recetas que llegan a las farmacias y lejos de mejorar, esta cifra viene decreciendo desde
que se sancionó la ley.
Brasil optó por crear un nuevo
mercado de productos genéricos intercambiables que hoy representa un 11,5% del total de medicamentos consumidos en el
país. Sin embargo, en ese país, las recetas siguen haciéndose por marca comercial.
A su vez, Uruguay antes que seguir el ejemplo de Argentina, que registró un
altísimo impacto sobre el acceso de la población en un breve lapso prefirió
seguir los pasos de Brasil a través de un decreto que más que promover la sustitución
farmacéutica corre el riego de restringirla.
Un ejemplo extremo en este sentido viene de Venezuela, donde un decreto presidencial prohibió las muestras gratis
así como el financiamiento de congresos médicos por parte de los laboratorios, argumentado que esos gastos son trasladados al precio de
los productos.
En otros casos, como en Paraguay, aunque exista una norma que habilite a los
farmacéuticos para sustituir marcas, en las farmacias no se dispone de un manual que
especifique los productos disponibles según su nombre genérico.
La mayor debilidad de las políticas regulatorias no radica en su diseño sino en la falta de fiscalización.
América latina puede hacer mucho para promover el acceso de la población a los
medicamentos esenciales. Lo que falta no son ejemplos ni ideas sino voluntad política de
transformación. |
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