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Abril 2010

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Conductas saludables
Enfermedades de invierno, hábitos para prevenir
El invierno es la temporada del año donde se observa una mayor cantidad de casos de enfermedades respiratorias producidas por una gran variedad de virus; ello explica que personas sanas sufran de estas infecciones en forma repetida.
Al acercarse el invierno, la disminución de las temperaturas produce la activación de una serie de microorganismos que, junto con algunos factores personales y ambientales, determina la aparición de un número de enfermedades características de este período. La mayoría de ellas son causadas por virus y afectan el sistema respiratorio, de allí que se las llame “enfermedades respiratorias virales” (ERV); la amigdalitis, la faringitis, la neumonía, la otitis y la sinusitis son las más recurrentes. A la lista de infecciones respiratorias agudas, debe sumarse la que a partir del pasado año pasó a denominarse Gripe A (H1N1), para la cual deben tomarse especiales recaudos (Ver “Gripe A (H1N1), la prevención es la mejor medida”).

Cuidados especiales para menores de 5 años
En el caso de lactantes y menores de 5 años, entre los factores que favorecen la aparición y el agravamiento de las enfermedades invernales, se destacan los cambios bruscos de temperatura y el hacinamiento en lugares públicos cerrados –centros comerciales, jardines maternales y colegios– a los que muchos niños asisten desde temprana edad. Estos factores asociados incrementan el desarrollo de enfermedades infecciosas debido a la incipiente capacidad inmunitaria del niño, característica que lo hace más vulnerable que el resto de la población. A fin de prevenir el contagio, se recomienda lavar las superficies o los juguetes contaminados por estornudos, tos o secreciones nasales; utilizar pañuelos descartables; evitar el exceso de abrigo en ambientes calefaccionados o su falta en lugares de bajas temperaturas; mantener los ambientes secos, sin goteras ni filtraciones que produzcan humedad; no hervir agua sobre estufas o braseros; mantener ventilada la cocina mientras se preparan alimentos que producen vapor.

Tercera edad, otro grupo de riesgo
Es sabido que la resitencia al frío de los adultos mayores no es la misma que la de los jóvenes; en efecto, en época invernal las personas de edad avanzada corren mayor riesgo de contagiarse de gripe, desarrollar neumonía o padecer dolores intensos en las articulaciones. El organismo de un anciano produce menos calor porque, por la edad, su metabolismo es lento. Los problemas de salud se presentan debido a que el sistema inmunológico de muchos de ellos es bajo o porque padecen enfermedades crónicas que se complican o agudizan cuando las temperaturas comienzan a descender. A fin de prevenir severos resfriados y complicaciones de salud, las personas de tercera edad deben evitar salir de sus casas durante los días fríos; si lo hacen, tendrán que abrigarse bien, con camiseta, camisa y un suéter o abrigo grueso, usar una bufanda, un par de guantes y un gorro de lana, indispensable para que el frío que penetra por la cabeza no desequilibre la temperatura del resto del cuerpo.

También, es muy importante reforzar los hábitos alimentarios para prevenir las enfermedades respiratorias frecuentes durante el invierno. Entre las principales recomendaciones se encuentran consumir frutas y verduras, sobre todo las que contienen vitamina C; ingerir alimentos que contengan selenio (huevos, cereales, legumbres, carnes y pescados), mineral antioxidante que protege las células de los radicales libres evitando su degeneración; y, por último, beber lácteos fermentados (yogures), ricos en calcio.

Gripe A (H1N1), la prevención es la mejor medida
Al aproximarse una nueva ola de frío estacionario y a partir de la experiencia heredada del pasado invierno, todas las recomendaciones apuntan al mantenimiento de una actitud alerta pero sin alarma. Las recomendaciones de higiene más importantes son:

Taparse la boca y la nariz con un pañuelo de papel al estornudar o toser y tirar luego el pañuelo usado a la basura.

Limpiar más habitualmente las superficies de muebles, manijas de las puertas y objetos de contacto frecuente, con productos de limpieza habituales y ventilar más a menudo los espacios donde se produzca una alta concentración de personas.

Evitar el contacto en extremo cercano, así como compartir vasos, cubiertos y otros objetos que hayan podido estar en contacto con saliva o secreciones de terceros.

Lavarse las manos con frecuencia utilizando agua y jabón; el lavado deberá prolongarse por 30 segundos.

La vacunación, una forma de prevenir la gripe
La vacunación frente a la gripe es el método más eficaz para prevenir esta enfermedad y sus complicaciones. Por ello, debe vacunarse toda persona que por su edad o enfermedad de base tenga una mayor probabilidad de sufrir complicaciones.

Es importante destacar que, durante 2009, casi la totalidad de los casos de gripe que se registraron en nuestro país se presentaron especialmente entre los meses de junio-agosto y tuvieron origen en el virus H1N1. Los niños más pequeños fueron los que presentaron más complicaciones. Asimismo, las embarazadas constituyeron un grupo especialmente vulnerable.
Por lo tanto, para el próximo otoño-invierno se espera que la gripe estacional que tenemos todos los años sea producida por el virus A/H1N1. De este modo, debemos prevenirnos con la vacuna adecuada. La aplicación de la vacuna trivalente permite prevenir tanto la gripe estacional como la A/H1N1.

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