Los
alimentos pueden descomponerse por el crecimiento y la actividad de los microorganismos,
por la acción de las enzimas naturales que se encuentran en el medio ambiente, por la
contaminación de insectos y por mantenerlos a temperaturas contraindicadas; otros
factores, como la humedad excesiva, el aire y la luz, también pueden provocar su
deterioro. Las intoxicaciones alimentarias constituyen síndromes que aparecen como
consecuencia del consumo de alimentos contaminados por bacterias o toxinas, de origen
bacteriano o no. Algunas bacterias, como la salmonela o la escherichia coli, contaminan el
agua o los alimentos y pueden propiciar la aparición de un cuadro infeccioso. Un
individuo puede sufrir estas enfermedades si la porción de alimento consumido posee
suficientes cantidades de microorganismos dañinos o toxinas que exceden las barreras y
los mecanismos de defensa del organismo humano.
Muchos son los factores que contribuyen a la aparición de brotes de enfermedades
alimentarias, entre los que se encuentran la refrigeración inadecuada, la escasa higiene
de quienes manipulan los alimentos, la cocción insuficiente, la conservación de
alimentos bajo temperaturas inapropiadas, la contaminación de alimentos crudos con
cocinados y la incorrecta limpieza de los alimentos y de los equipos/utensilios para su
cocción. La mayoría de las enfermedades provocadas por los alimentos son causadas por
bacterias dañinas, que a simple vista resultan inapreciables; tampoco podrán detectarse
porque provoquen olor, sabor o aspecto desagradable en el alimento.
Los alimentos secos, como el azúcar o la harina, deben conservarse en envases cerrados
herméticamente, limpios y secos; es recomendable guardarlos en una despensa donde se
mantengan a resguardo de la humedad y de las temperaturas extremas. Las carnes, por otra
parte, deben conservarse de forma adecuada como parte de una buena higiene alimenticia.
Congelarlas es la mejor forma de retardar el proceso de descomposición y, por lo tanto,
de reducir las posibilidades de intoxicación.
La higiene de los alimentos también incluye la limpieza de la zona de su preparación,
que deberá estar libre de gérmenes. Es necesario lavar los utensilios antes de
utilizarlos, así como las mesadas de la cocina y las tablas de cortar. La contaminación
cruzada puede ocurrir cuando se utilizan los mismos utensilios de cocina para preparar
más de un alimento a la vez. Para evitar una posible infección, es recomendable limpiar
cada utensilio luego de haberlo utilizado.La higiene en los niños, la mejor medida contra la
diarrea
La diarrea infantil es la causa de muerte de más de tres millones de niños al año
debido a la deshidratación y a la desnutrición que ella provoca. La principal causa de
esta enfermedad es la falta de higiene en la preparación de las comidas. Este cuadro
infeccioso, que suele darse con mucha frecuencia en chicos menores de 5 años, puede tener
un origen viral, bacterial o parasitario, y se produce cuando el niño consume alimentos o
agua contaminada con agentes patógenos. Cuando un lactante presenta diarrea, es
importante seguir amamantándolo; por su parte, un niño que ha tenido diarrea necesita
consumir, en el período de recuperación, una comida adicional diaria al menos por dos
semanas. Para su recuperación, deberá ingerir papilla, sopas, agua de arroz y frutas
frescas, a fin de recuperar el volumen de líquido y evitar cualquier cuadro de
deshidratación.
Recomendaciones
para la higiene adecuada de los alimentos
Lavarse correctamente las manos con agua y jabón, antes de cada comida,
después de ir al baño, al cambiar pañales y al manipular alimentos.
Escoger verduras, frutas y vegetales frescos; lavarlos y sumergirlos en
abundante agua durante una buena cantidad de tiempo.
Guardar, refrigerar o congelar de forma adecuada aquellos alimentos que
sobren, lo que evitará su contaminación.
Cocinar bien el pollo, las carnes y las verduras.
No mezclar alimentos cocidos con crudos.
El tacho de la basura debe estar siempre bien cerrado. Para su limpieza,
desinfectarlo con agua caliente; evitar mantener los desperdicios en la casa durante la
noche.
Utilizar siempre un repasador limpio o un rollo de papel para secar los
platos; pasarlos siempre por agua caliente.
Sobre todo para los lactantes y niños, en caso de calentar leche o
cualquier otro líquido, es mejor dejarlo hervir bien y esperar a que luego se enfríe.
Los alimentos preparados, los quesos curados (como el parmesano) y los
embutidos pueden contener bacterias peligrosas; por ello deben mantenerse separados de las
frutas, de los vegetales y del pan.
Las frutas y verduras crudas deben lavarse cuidadosamente con agua potable |