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Junio 2010

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Mamás saludables crían niños saludables
El ejercicio y una nutrición adecuada: pilares de una buena crianza
Los hábitos alimenticios y la práctica moderada de ejercicios pueden marcar la diferencia para que nuestros hijos tengan una vida saludable en el futuro.
Durante los doce primeros meses de vida, un bebé triplica su peso y su estatura aumenta un cincuenta por ciento. Estos incrementos en peso y estatura son los principales índices utilizados para la evaluación de su estado nutricional y se miden a intervalos regulares, comparándolos con curvas de crecimiento estándar. Estas mediciones son herramientas importantes para evaluar el progreso del niño, especialmente entre los 6 y los 12 meses.

Por otra parte, la lactancia materna, según las necesidades del niño, sigue siendo la mejor manera de alimentar a un bebé sano que haya nacido a término. A través de su madre, el niño satisface todas las necesidades nutricionales para su crecimiento y desarrollo. En este sentido, entre el cuarto y el sexto mes de vida –período considerado como de crecimiento rápido, sobre todo para el cerebro–, la leche materna contiene aminoácidos y ácido graso, ideal para satisfacer esas necesidades nutricionales. Además, posee agentes antibacterianos y antiinfecciosos, entre ellos las inmunoglobulinas, que tienen una gran importancia para el fortalecimiento del sistema inmunológico. El calostro (fluido que producen las glándulas mamarias durante los primeros días posteriores al parto) es rico en proteínas, vitaminas y minerales. Asimismo, la leche contiene anticuerpos, factores antiinflamatorios y de crecimiento, enzimas y hormonas, fundamentales para el desarrollo y el crecimiento del bebé. La lactancia materna es también muy recomendable por motivos psicológicos, fisiológicos y emocionales. No hay ninguna razón por la cual no se deba continuar con la lactancia hasta los 2 años, ya que es beneficioso para la madre y para el niño desde el punto de vista nutricional.

A pesar de que la mayor parte de los especialistas han demostrado ser generalmente precavidos respecto del ejercicio físico durante el embarazo, la evidencia reciente indica que, en ausencia de complicaciones obstétricas o embarazos de riesgo, el ejercicio físico no solo tiene excelentes beneficios para la madre, sino también para su bebé.

Luego del primer trimestre de iniciado el embarazo, es importante no depositar todo el peso corporal sobre la espalda; esta posición ejerce una gran presión sobre la vena cava, lo que puede traer como consecuencias inmediatas mareo, una merma en la capacidad respiratoria y náuseas. La colocación de una almohada bajo la cadera ayuda a solucionar el problema. Además, es importante evitar la misma postura por mucho tiempo, puesto que si la embarazada permanece quieta por períodos largos de tiempo, quizás pueda disminuir la cantidad de sangre que llega al útero.

Cuando el parto es normal, se recomienda comenzar con ejercicios livianos, como caminar, hacer flexiones de brazos o de pecho modificadas, y practicar estiramientos. Una semana después del parto, también se pueden implementar caminatas a un ritmo moderado, durante treinta minutos, tres veces a la semana. A medida que la madre vaya recobrando fuerzas, podrá extender el recorrido de las caminatas o aumentar su cantidad. Si tuvo una cesárea, es aconsejable esperar de seis a ocho semanas antes de hacer ejercicio; mientras tanto, pueden realizarse caminatas a paso lento, ya que ayudan a la recuperación y además previenen complicaciones en la circulación arterial, como la formación de coágulos de sangre. Asimismo, aquellas madres que deseen retomar sus clases de gimnasia deberán concentrarse en rutinas de bajo impacto que se centren especialmente en la tonificación y el estiramiento.

Buenas Razones para ejercitarse durante y después del embarazo

En el período de parto:
Realizar ejercicio en forma regular permitirá a la embarazada aumentar su resistencia, además de reforzar el sistema cardiovascular. Antes de comenzar a practicar, es recomendable consultar al médico u obstetra.

El ejercicio regular permite que los músculos estén en permanente movimiento, por lo que ayudará al cuerpo a superar con mayor facilidad los dolores típicos de este período y la incomodidad o las dolencias de algunas posturas.

Estar en buena forma contribuye a llegar más fuerte al parto.

Practicar ejercicio con regularidad permitirá reducir el estrés, la carga implícita de tensión durante este período y contribuirá a estar de mejor humor.

La actividad física permite a la mujer embarazada sentirse bien, sobre todo en lo relativo al aspecto estético, a la vez que ayuda a que el aumento de peso no resulte excesivo.

Cuando la mujer mantiene los músculos y la tonicidad de su cuerpo durante el embarazo, se recupera con mayor facilidad luego de dar a luz.

Luego del período de parto:
Afianza el vínculo madre-bebé al realizar el ejercicio junto al recién nacido.

Logra una recuperación más rápida en el proceso posparto.

Favorece la pérdida de peso y la consecuente vuelta a la figura previa al embarazo.

Reduce la depresión posparto.

Incrementa la energía para sobrellevar las demandas de la maternidad.

Mejora la postura, previniendo dolores de espalda.

Incrementa la resistencia muscular.

Mejora la autoestima.

Favorece un mejor sueño, ya que la práctica de ejercicio hace que la mujer llegue extenuada al fin del día.

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